Los préstamos con garantía personal se destinan normalmente a la compra de bienes y servicios de consumo: un coche, un ordenador, amueblar la casa, irse de vacaciones, estudios en el extranjero...En ellos, el cliente responde del cumplimiento de sus obligaciones (devolución del importe prestado, pago de intereses y comisiones bancarias pactados) con todos sus bienes, presentes y futuros.
Por ello, es práctica habitual que la entidad de crédito prestamista, antes de conceder el préstamo, analice la capacidad de pago del cliente solicitándole justificantes de sus ingresos (nóminas, rentas por alquiler...), un inventario de sus bienes o una declaración jurada de su patrimonio y realice comprobaciones sobre la existencia y situación del mismo.
El cliente no compromete de forma particular ningún bien en concreto (por ejemplo, una vivienda, como ocurre en el préstamo hipotecario), por lo que la tramitación de este tipo de préstamos suele ser más rápida que la correspondiente a los préstamos hipotecarios y, por otra parte, resultan más caros.