Jóvenes y vivienda, una ecuación imposible
Marian González - diariodesevilla.es 14/10/2006
"Queremos una vivienda digna". Un lema tan sencillo y aparentemente fácil de realizar se ha convertido en los últimos meses en el detonador de una oleada de concentraciones de jóvenes en las principales ciudades españolas. Dejando al margen las consignas tradicionales de "paz, libertad o democracia", nuestros jóvenes se movilizan para resolver un problema inmediato, que interfiere en su desarrollo personal y profesional: la imposibilidad de acceder a una vivienda para poder iniciar su vida adulta. El llamado boom inmobiliario con la consiguiente escalada de precios y la precariedad laboral que afecta a la mayoría de los jóvenes se han convertido en un cóctel molotov que boicotea sus sueños de emancipación.
Javier es un joven que acaba de concluir sus estudios y se siente en el mejor momento de su vida. Está repleto de planes e ilusiones, que se empiezan a desmoronar cuando toma contacto con la realidad. Consigue un primer empleo, temporal, por el que cobra un sueldo del Salario Mínimo Interprofesional, situado actualmente en 7.572,60 euros anuales. Es menos de lo que pensaba, sí, pero sabe que está empezando y tiene que aprender. Sin embargo, cuando se pone a hacer números salta la alarma. Con los reducidos ingresos que le quedan tras pagar las letras del coche imprescindible para llegar a su trabajo y sus gastos personales es imposible emanciparse. Sabe que a las viviendas de régimen libre no puede ni acercarse, pero le queda la esperanza de conseguir una de protección oficial. Otra carrera de obstáculos.
La de Javier es una historia que se repite constantemente. Según datos del Consejo de la Juventud de España correspondientes a 2005, el 60 por ciento de la población andaluza de entre 18 y 34 años vive aún con sus padres. El porcentaje de contratos indefinidos entre nuestros jóvenes apenas alcanza el 20 por ciento y el esfuerzo económico que éstos tienen que realizar para acceder a una vivienda representa más de la mitad de sus ingresos. Ante este panorama, los jóvenes se vuelcan masivamente hacia las VPO, un producto aún demasiado escaso, pues representa menos del 10 por ciento de las viviendas que se construyen anualmente en el país, y cuya adquisición supone otra odisea. "Soy un joven que busco una vivienda de VPO y me gustaría que me informaran sobre dónde hay y qué requisitos tengo que cumplir". Mensajes electrónicos como éste llegan a diario a nuestras oficinas.
Pues el primer obstáculo, en el caso de Andalucía, es el sorteo. La demanda es tan elevada que todos los adjudicatarios de las viviendas protegidas deben designarse mediante sorteo público, lo que convierte el proceso en una lotería. Recientemente, por ejemplo, Dolmen recibió cerca de 12.000 solicitudes, la mayoría de jóvenes, para acceder a 124 viviendas protegidas en Málaga. Cuando un joven tiene la fortuna de salir en el sorteo debe afrontar el siguiente escollo: que la entidad bancaria le apruebe el préstamo hipotecario. Con empleos temporales, corta vida laboral y bajos salarios, sólo un aval puede hacer el milagro. ¿Y dónde encontrar el aval? Muchos de los padres de estos jóvenes todavía están pagando sus propias hipotecas. Si, pese a todo, se logra el visto bueno de la entidad financiera, surge el siguiente problema, pagar las letras.
Casi el 45,79 por ciento de un sueldo que pertenece al Salario Mínimo Interprofesional se lo lleva la hipoteca, incluyendo en ella las subvenciones estatales durante los cinco primeros años y prorrogables durante otros cinco, para una vivienda protegida en Régimen Especial, destinada a las personas de menos recursos. Si a esto se suman seguros, luz , agua, teléfono, comunidad, etc., el sueldo no llega ni a mitad de mes.
Según nuestra experiencia, la mayoría de los jóvenes andaluces que adquiere una VPO pide que, adicionalmente a la ayuda a la entrada que reciben por parte del Ministerio de la Vivienda, la Junta subvencione parte de las cuotas hipotecarias, al menos, durante los primeros cinco años. Estas ayudas estaban vigentes en el anterior Plan de la Vivienda Autonómica de Andalucía y realmente aliviaban la economía de muchos jóvenes, pues durante los primeros años es cuando más dinero tienen que desembolsar.
Aunque el sorteo se hace obligatorio para la adjudicación de las viviendas protegidas en las grandes ciudades con mucha demanda, en algunos municipios pequeños con menos solicitantes quizás resultaría más equitativo y operativo emplear sistemas de baremación en función de las situaciones personales y familiares concretas.
Otra propuesta para facilitar el acceso a una vivienda protegida a los jóvenes sería flexibilizar las exigencias bancarias para adaptarlas a la realidad del mercado laboral y extender los plazos de amortización de las hipotecas. En ese sentido, ya se han tomado medidas, como la ampliación de 20 a 25 años, pero según la edad del adquiriente quizás podrían subrogarse a 30 o 35 años, con el fin de lograr cuotas acordes con los sueldos actuales. Sobre todo, teniendo en cuenta que en el caso de la renta libre los préstamos pueden llegar incluso a los 40 años.
Y, por último, está claro que no se podrá satisfacer la demanda de viviendas asequibles de los jóvenes sin un incremento considerable de la oferta de VPO. Algo que, pese a las nuevas disposiciones legales favorables, sólo será posible cuando salga al mercado una cartera adecuada de suelo destinado a vivienda protegida.
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